En abril pasado se aprobó la Ley de Inclusión Laboral para Personas con Discapacidad (Ley 20.422), la cual está lista para ser promulgada. La nueva Ley establece una reserva del 1% de empleos a personas con algún tipo de discapacidad en empresas públicas y privadas de 100 o más trabajadores.

De acuerdo al Segundo Estudio de Discapacidad (2015) de SENADIS[1], en Chile el 20% de las personas de 18 años y más se encuentran en situación de discapacidad, es decir, más de dos millones seiscientas mil personas. La mayoría de las cuales señala estar inactiva o desocupada y sólo el 39,3% tiene empleo. La situación de discapacidad está estrechamente relacionada con bajos niveles de ingreso, y afecta en mayor proporción a las mujeres.

“El Informe Mundial sobre Discapacidad de la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial, señala que las personas con discapacidad presentan peor estado de salud, más desempleo y baja escolaridad que las personas sin discapacidad; de los pobres son los más pobres e incluso se presentan grandes desventajas entre las mismas personas con discapacidad.”[2]

En este escenario, la urgencia de ser una sociedad más inclusiva se hace latente. De acuerdo al “Estudio: Factores para la inclusión laboral de personas con discapacidad de Organización Internacional del Trabajo, 2013”, la inclusión trae beneficios para todos los actores, en primer lugar, para las personas con discapacidad genera un impacto positivo en la economía personal y familiar; mayores grados de autonomía; liberación de energía, tiempo y recursos en la familia; mejora la autovaloración personal. En segundo lugar, en las empresas aumenta la motivación de los trabajadores; mejora el clima laboral; mejora la reputación; incrementa la productividad. Por último, los beneficios sociales asociados a la inclusión se relacionan con un cambio de la base emocional de la exclusión (desinformación, miedo, prejuicio, mito); aumenta la valoración social de la diversidad; pone en agenda la discapacidad; cambia positivamente el modo colectivo de convivir.

Teniendo en cuenta todos los beneficios que implica la inclusión de personas con discapacidad, las empresas tienen un gran desafío por delante, según la Guía para la contratación de personas con discapacidad, de la Organización Internacional del Trabajo, 2013, hay 5 pasos para la inclusión laboral:

1.     Contacto y compromiso inicial: el primer paso hacia la inclusión.

2.     Evaluación laboral: preparación para dar nuevas oportunidades.

3.     Capacitación: la necesaria preparación antes de comenzar a trabajar.

4.     Colocación y seguimiento: apoyo y acompañamiento constante.

5.     Evaluación del proceso: el compromiso de continuar y generar inclusión.

La invitación es a sumarse a esta iniciativa avanzando más allá de la Ley, abarcando más organizaciones y personas, contribuyendo así al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la reducción de la pobreza, el respeto de los Derechos Humanos, en definitiva, avanzar en ser una sociedad más inclusiva para todos.

Magdalena Marquez
Directora de Proyectos
Une Consultores

[1] Servicio Nacional de la Discapacidad
[2] Manual para una de Personas con Discapacidad Inclusión Laboral Efectiva, Andrea Zondek Darmstadter, 2015